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jueves, 22 de agosto de 2019

El poder sanador y transformador de los cuidados





A continuación le presentamos este artículo que resume, los temas anteriormente expuestos. 

Muchas veces, lo cotidiano, se hace invisible y se desvanece su gran valor.  Los cuidados son un ejemplo de ello.  Esas diversas actitudes, gestos, servicios pequeños y humildes, que por ser así; la mayoría de las personas ignoran su inmenso poder e impacto en todos los aspectos, fisiológico, psicológico, social y espiritual. 

El espacio por excelencia, donde los seres humanos requieren recibir cuidados adecuados y efectivos, desde su concepción, es LA FAMILIA.

Por lo tanto, resulta de vital importancia abordar aspectos fundamentales, como los siguientes:
1.       Habilidades Parentales:   que consisten en los recursos cognitivos, emocionales y conductuales, que poseen los padres, madres o personas cuidadoras de las personas menores de edad, bajo su responsabilidad.  

Los cuales les ayudarán a cumplir satisfactoriamente sus funciones parentales:

Nutritivas: refiere a la satisfacción de necesidades básicas:  alimento, abrigo, protección,                afecto.

Normativas: consisten en las reglas y límites que ayudarán a los niños y niñas para enfrentarse y adaptarse a la realidad.




 Al ejercitar diariamente, las habilidades y funcionales parentales, las personas cuidadoras de los niños y niñas, desarrollarán competencias parentales, como se detalla a continuación:



Estas competencias parentales, son vitales para desarrollar sistemas de apegos seguros, sanos; que le ayuden a los niños y niñas en su proceso de desarrollo, como veremos a continuación:

2.       Sistemas de apego y sus efectos en el desarrollo socioafectivo de la personalidad en las personas menores de edad:   la forma de brindar los cuidados, por parte de los padres u otros responsables, determina el tipo de apego, como son:

a.       Niños de apego seguro:  Se expresan cálidos y alegres con la mamá, hacen contacto físico y a la vez se separan de ella para explorar su entorno.
b.      Niños de apego inseguro-evitativo:  se les ve indiferentes ante la madre; rechazan su acercamiento.
c.      Niños de apego inseguro-ambivalente:   Se angustian cuando la madre se ausenta al regresar se les ve vacilantes entre la irritación, el rechazo y el contacto.
d.      Niños de apego inseguro desorganizado/desorientado:  combina características de los tipos b y c

      3. Los sistemas de apego que desarrollen los niños, va a marcar de forma significativa la forma en que se relaciona con los demás (modelo representacional), el tipo de cuidados que posteriormente dará como padre o madre, lo cual influye para que las próximas generaciones, 
vivan bajo el mismo tipo de apego (transmisión intergeneracional).
Por lo anterior mencionado, determina la forma en que se distribuye la responsabilidad de cuidar a las personas menores de edad.  Aspecto que tratamos a continuación:
3.       
      Corresponsabilidad Parental
La experiencia de ser madre, padre o cuidador(a) de los niños y niñas, es una de las más desafiantes, desgastantes y también enriquecedoras y satisfactorias.   Es ideal, un equilibrio adecuado en la distribución de las responsabilidades parentales, para que ambos padres o cuidadores, puedan dar lo mejor de sí,  tener espacio para recuperarse y autocuidarse.

La realidad es totalmente diferente, en la mayoría de las familias, el desequilibrio es la constante, donde en la mujer recae, el prodigar los cuidados al resto de los miembros de la familia; con el recargo del trabajo o actividad económica; sin espacio para su autocuidado.

Por otra parte, este desequilibrio en la corresponsabilidad parental, sumado al aumento cada vez mayor de madres solas, ha generado una cadena de cuidados, principalmente entre las mujeres.
Las estructuras de poder han aplastado las estructuras de los vínculos afectivos, tan necesarios para el pleno desarrollo del ser humano.

Es preciso caminar y trabajar hacia un CUIDADO COMPARTIDO, una verdadera corresponsabilidad parental. Reconocer aprender a cuidarnos unos a otros, con el debido orden, es  “una necesidad social básica y, por tanto constituya un derecho de ciudadanía” (OIT, 2013). 

Para lograrlo, es preciso conciliar vida familiar y laboral, por tanto promover la corresponsabilidad social en los cuidados y encontrar mejores formas de conciliar las necesidades familiares y laborales; donde  cada miembro de la familia aprenda a mirar al otro con ojos cuidadores.
Los gobiernos pueden contibuir para que, las luchas entre lo familiar y laboral, disminuyan y se conviertan en espacios nutritivos.

Esas posibles políticas, deben tener presente un enfoque de parentalidad. Como por ejemplo:
Organizar el trabajo a favor de la parentalidad, es decir impulsar mucho más opciones como el teletrabajo.
Licencias por paternidad.
Mejorar las condiciones del mercado laboral, para que sea más flexible y empático en relación con las responsabilidades familiares.  Ejemplo poder pedir permiso y luego reponer el tiempo, entre otros.




4.       El poder de los buenos cuidados y su impacto en la biología, psicología y relaciones humanas

Todo esfuerzo por mejorar los cuidados, para  que sean constantes, efectivos, cálidos, seguros, vale la pena.  Porque su impacto, llega hasta lo más profundo del ser humano.  La investigadora Shelley E. Taylor (2002) citada por Barudy y Dantangnan (2009), “hace una excelente revisión de diferentes investigaciones que han demostrado cómo los buenos cuidados maternales previenen los efectos mórbidos y potenciales de un gen.   De esta manera, si la crianza de un niño o de una niña se basa en los cuidados y en los buenos tratos, es posible que una enfermedad hereditaria no llegue a hacerse efectiva”.



Reflexionemos sobre el enorme poder que tienen los cuidados provenientes de una parentalidad bientratante.   Imaginemos las millones de vidas que podrían cambiar, por el hecho de recibir, el amor, la atención, los cuidados necesarios para su desarrollo.

Sumado al aspecto biológico, están el psicológico y las relaciones humanas.  Porque “los buenos tratos y la atención de las necesidades mutuas nos protege de los efectos provocados por el estrés y las dificultades de la vida cotidiana.  Así, según muchas investigaciones, un clima conyugal de solidaridad y respeto prolonga las expectativas de vida y promueve la buena salud (Tousignan, M., 1995 citado por Barudy y Dantangnan (2009).

Estos buenos tratos y cuidados, pueden prevenir y disminuir realidades que están deteriorando tanto nuestra sociedad, como es la violencia con sus múltiples caras y escenarios.

¿Cómo contribuir a los padres, madres y personas cuidadoras, para que desarrollen las competencias parentales necesarias?

Aquí les propones algunas ideas:

A través de procesos psicoeducativos, como charlas o talleres:

REVISAR:  sus pensamientos sobre quién debe dar los cuidados en la familia.
IDENTIFICAR:  sus comportamientos y luego de su familia, que están impidiendo vivir una corresponsabilidad social en los cuidados.
PREGUNTARSE:  Cómo puede empezar a cambiar sus pensamientos y comportamientos que han generado el desequilibrio para brindar cuidados.
ACTUAR:  Empezar con pequeños actos concretos de cuidado hacia los demás miembros de la familia.
VIVIR:  un proceso terapéutico, donde las personas cuidadoras, puedan trabajar sus propias necesidades afectivas, sanación de sus heridas emocionales y Desarrollo de sus competencias parentales.
AUTOCUIDADO:  Cuidarse en todo sentido, físico, psicológico, social y espiritual.  Para desarrollarse de una forma plena; ya que en tan importante labor, va a necesitar todos sus recursos.

Si desea que llevemos a su hogar, grupo o institución, temas como estos, contáctenos al 8574-0499 o al correo:  renasci.psicologia@gmail.com y conversemos.  
Quedamos a sus gratas órdenes, Licda. Shirley Castillo Castro, 
psicóloga con 11 años de experiencia.






“Quiero tomar la mano de Dios, para aprender a tomar tu mano”
anónimo