A continuación le presentamos este artículo que resume, los temas anteriormente expuestos.
Muchas veces, lo cotidiano, se
hace invisible y se desvanece su gran valor.
Los cuidados son un ejemplo de ello.
Esas diversas actitudes, gestos, servicios pequeños y humildes, que por
ser así; la mayoría de las personas ignoran su inmenso poder e impacto en todos
los aspectos, fisiológico, psicológico, social y espiritual.
Por lo tanto, resulta de vital
importancia abordar aspectos fundamentales, como los siguientes:
1.
Habilidades Parentales: que consisten en los recursos cognitivos,
emocionales y conductuales, que poseen los padres, madres o personas cuidadoras
de las personas menores de edad, bajo su responsabilidad.
Nutritivas: refiere a la
satisfacción de necesidades básicas:
alimento, abrigo, protección, afecto.
Normativas: consisten en las
reglas y límites que ayudarán a los niños y niñas para enfrentarse y adaptarse
a la realidad.
Al ejercitar
diariamente, las habilidades y funcionales parentales, las personas cuidadoras
de los niños y niñas, desarrollarán competencias parentales, como se detalla a
continuación:
Estas competencias parentales, son vitales para desarrollar
sistemas de apegos seguros, sanos; que le ayuden a los niños y niñas en su
proceso de desarrollo, como veremos a continuación:
2.
Sistemas de apego y sus efectos en el
desarrollo socioafectivo de la personalidad en las personas menores de edad: la forma de brindar los cuidados, por parte
de los padres u otros responsables, determina el tipo de apego, como son:
a.
Niños de apego seguro: Se expresan cálidos y alegres con la mamá,
hacen contacto físico y a la vez se separan de ella para explorar su entorno.
b. Niños de apego inseguro-evitativo: se les ve indiferentes ante la madre;
rechazan su acercamiento.
c. Niños de apego inseguro-ambivalente: Se angustian cuando la madre se ausenta al regresar
se les ve vacilantes entre la irritación, el rechazo y el contacto.
d. Niños de apego inseguro
desorganizado/desorientado: combina
características de los tipos b y c
3. Los sistemas de apego que
desarrollen los niños, va a marcar de forma significativa la forma en que se
relaciona con los demás (modelo representacional), el tipo de cuidados
que posteriormente dará como padre o madre, lo cual influye para que las
próximas generaciones,
Por lo anterior mencionado, determina la forma en que se
distribuye la responsabilidad de cuidar a las personas menores de edad. Aspecto que tratamos a continuación:
3.
Corresponsabilidad Parental
La experiencia de ser madre,
padre o cuidador(a) de los niños y niñas, es una de las más desafiantes,
desgastantes y también enriquecedoras y satisfactorias. Es ideal, un equilibrio adecuado en la
distribución de las responsabilidades parentales, para que ambos padres o cuidadores,
puedan dar lo mejor de sí, tener espacio
para recuperarse y autocuidarse.
La realidad es totalmente
diferente, en la mayoría de las familias, el desequilibrio es la constante,
donde en la mujer recae, el prodigar los cuidados al resto de los miembros de
la familia; con el recargo del trabajo o actividad económica; sin espacio para
su autocuidado.
Por otra parte, este
desequilibrio en la corresponsabilidad parental, sumado al aumento cada vez
mayor de madres solas, ha generado una cadena de cuidados, principalmente entre
las mujeres.
Las estructuras de poder han
aplastado las estructuras de los vínculos afectivos, tan necesarios para el
pleno desarrollo del ser humano.
Es preciso caminar y trabajar
hacia un CUIDADO COMPARTIDO, una verdadera corresponsabilidad parental.
Reconocer aprender a cuidarnos unos a otros, con el debido orden, es “una
necesidad social básica y, por tanto constituya un derecho de ciudadanía” (OIT,
2013).
Para
lograrlo, es preciso conciliar vida familiar y laboral, por tanto promover la
corresponsabilidad social en los cuidados y encontrar mejores formas de
conciliar las necesidades familiares y laborales; donde cada
miembro de la familia aprenda a mirar al otro con ojos cuidadores.
Los gobiernos pueden contibuir para que, las luchas
entre lo familiar y laboral, disminuyan y se conviertan en espacios nutritivos.
Esas posibles políticas, deben tener presente un
enfoque de parentalidad. Como por ejemplo:
Licencias por paternidad.
Mejorar las condiciones del mercado laboral,
para que sea más flexible y empático en relación con las responsabilidades
familiares. Ejemplo poder pedir permiso
y luego reponer el tiempo, entre otros.
4. El
poder de los buenos cuidados y su impacto en la biología, psicología y
relaciones humanas
Todo esfuerzo por mejorar los
cuidados, para que sean constantes,
efectivos, cálidos, seguros, vale la pena.
Porque su impacto, llega hasta lo más profundo del ser humano. La investigadora Shelley E. Taylor (2002)
citada por Barudy y Dantangnan (2009), “hace una excelente revisión de
diferentes investigaciones que han demostrado cómo los buenos cuidados
maternales previenen los efectos mórbidos y potenciales de un gen. De esta manera, si la crianza de un niño o
de una niña se basa en los cuidados y en los buenos tratos, es posible que una
enfermedad hereditaria no llegue a hacerse efectiva”.
Reflexionemos sobre el enorme
poder que tienen los cuidados provenientes de una parentalidad
bientratante. Imaginemos las millones
de vidas que podrían cambiar, por el hecho de recibir, el amor, la atención,
los cuidados necesarios para su desarrollo.
Estos buenos tratos y cuidados,
pueden prevenir y disminuir realidades que están deteriorando tanto nuestra
sociedad, como es la violencia con sus múltiples caras y escenarios.
¿Cómo contribuir a los padres,
madres y personas cuidadoras, para que desarrollen las competencias parentales
necesarias?
Aquí les propones algunas ideas:
A través de procesos
psicoeducativos, como charlas o talleres:
REVISAR: sus pensamientos sobre
quién debe dar los cuidados en la familia.
IDENTIFICAR: sus comportamientos y
luego de su familia, que están impidiendo vivir una corresponsabilidad social
en los cuidados.
PREGUNTARSE: Cómo puede empezar a
cambiar sus pensamientos y comportamientos que han generado el desequilibrio
para brindar cuidados.
ACTUAR: Empezar con pequeños actos
concretos de cuidado hacia los demás miembros de la familia.
VIVIR: un proceso terapéutico,
donde las personas cuidadoras, puedan trabajar sus propias necesidades
afectivas, sanación de sus heridas emocionales y Desarrollo de sus competencias
parentales.
AUTOCUIDADO: Cuidarse en todo
sentido, físico, psicológico, social y espiritual. Para desarrollarse de una forma plena; ya que
en tan importante labor, va a necesitar todos sus recursos.
Si desea que llevemos a su hogar, grupo o institución, temas como estos, contáctenos al 8574-0499 o al correo: renasci.psicologia@gmail.com y conversemos.
Quedamos a sus gratas órdenes, Licda. Shirley Castillo Castro,
psicóloga con 11 años de experiencia.
“Quiero tomar la mano de Dios, para aprender a
tomar tu mano”
anónimo





